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La primera capilla de adobe en el lugar fue construida por un arriero que en viaje a Chile sufrió la dispersión de su ganado.

Don Pedro Zeballos, que había sido contratado para llevar 500 cabezas de ganado desde Córdoba a Chile para venderlas. “Don Pedro sale con su gente a cumplir el encargo y se dirige al Oeste. Pasados unos días y ya atravesando San Juan, decide hacer noche acampando en Vallecito, donde es sorprendido por una gran tormenta, que inquieta a los animales hasta que huyen espantados”.

Según relatos de un nieto del arriero, su abuelo y la tropa habían acampado a la altura de un barranco en la que había una cruz que indicaba la presencia de una difunta: era la cruz de la Difunta Correa. El paisano le pidió fervorosamente que cuidara de los animales prometiéndole que si los recuperaba le construiría una capilla para cubrir su tumba y su cruz.

Al día siguiente, pasada la tormenta encontraron a todos los animales juntos en una cuesta que terminaba en una quebrada, no se había perdido ni uno solo. La quebrada era el final de una larga y empinada cuesta que desde entonces y para siempre se llamó “La cuesta de las vacas”.

Ya vuelto de Chile don Pedro Zeballos cumplió “la Manda” y erigió la primera capilla que cubrió la tumba y la cruz de la Difunta Correa.

Se estima que la primera Capilla de adobes fue construida en 1920.

 

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  En los años 60 comenzó a construirse el santuario de Difunta Correa en Vallecito, departamento Caucete. Hasta ese entonces sólo era un páramo muy desertico con un par de capillitas. Sólo había un quiosquito que ofrecía alguna gaseosa o un souvenir de la Difunta Ya por entonces los promesantes traían autos por el favor recibido.

 

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  El gran impulsor de las obras en el santuario fue el padre Ricardo Baez Laspiur. Comenzó a construirse más capillitas para exvotos de promesantes. Las construcciones fueron financiadas por las limosnas entregadas. Sólo los fines de semana la empresa Vallecito hacía viajes.

 

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La capilla principal ya manifestaba su particular forma Se eligió un cerro para su edificación, dominando el paisaje. Ya en 1960 un puesto de policía cuidaba del lugar y sus pertenencias. Eran tantos los vehículos que comenzaron a realizar remates.

 

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Promesantes aosolados en 1960. El sol abrazador se hacía sentir. Ya subir de rodillas era común. Esta es la cima donde se cuenta se encontró a Deolinda.

 

A 64 kilómetros al sudeste de la ciudad de San Juan y sobre la Ruta Nacional Nº 141, se encuentra la localidad de Vallecito, en el departamento Caucete. El semidesértico paraje, en las inmediaciones de la Sierra de Pie de Palo, se convirtió en centro de fe y religiosidad popular. El sitio marca el lugar donde falleciera trágicamente Deolinda Correa. Sin comprobaciones empíricas, la tradición preserva la leyenda de la Difunta Correa como un valioso patrimonio, que suma nuevos adeptos cada año. La figura de la valiente joven, el relato de su desgraciado destino y los milagros que se le atribuyen alimentan un movimiento de fe que parece no tener límites. El fervor por la Difunta transformó el desolado lugar de su muerte –antiguamente señalizado con una humilde cruz- en un complejo turístico que recibe a más de 3 millones de personas por año. Ni las temperaturas extremas ni la aridez de la localidad detienen a los creyentes o a los curiosos que se acercan para ser testigos de semejante devoción popular.

 

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